
Es muy acogedor, muy coqueto y muy cómodo. Quien aporta su visión de La Bodeguita de Casa Paca no es otro que su nuevo propietario. Roger Sánchez acaba de aterrizar en el mundo de la hostelería y lo ha hecho por la puerta grande. Desde que La Bodeguita de Casa Paca abriera sus puertas ha sido el encargado de la publicidad del local. Lo conoce a la perfección. A pesar de no ser suyo desde el inicio, lo siente como propio porque lo vio nacer y contribuyó a darle parte de la identidad por la que ahora es conocido.
A favor de La Bodeguita juega su ubicación,
en plena Plaza del Corrillo, uno de los lugares más transitados de
la ciudad. En su contra, una fachada angosta donde cuesta poder llamar la
atención, pero la llama. Sus argumentos son poderosos. La Bodeguita
de Casa Paca nació, como es obvio, de las mismas manos que el restaurante
Casa Paca, reseña en las principales guías gastronómicas
y en el estómago de miles de turistas y muchos charros amantes de la
buena cocina. Sin embargo, y ante el espectacular crecimiento de la ‘nodriza’
de este proyecto, La Bodeguita, que poco a poco también se iba haciendo
un nombre y un hueco, comenzó a dar tanto trabajo que se hizo difícil
compaginar ambos negocios.

Es en ese instante cuando el ‘creativo’ de la marca acepta tomar las riendas de un local que como cliente ya le tenía enamorado. Ese romance continúa en la actualidad. Roger Sánchez mima cada detalle y lo hace desde el punto de vista de quien antes ha estado frente a mesa y mantel. Prueba, propone, sugiere e incluso añade ingredientes a ciertos platos “a los que les faltaba gama de color”. En esta cocina guiada por los sentidos, las sensaciones y la escala cromática entienden a la perfección qué significa eso del placer de comer. La Bodeguita de Casa Paca no es un restaurante al uso, es un rincón de la ciudad en el que poder tomarse un respiro dándose un homenaje gastronómico ante todo, sorprendente. Ingredientes de primera calidad provistos por quienes también aprovisionan a la ‘casa madre’ garantizan que las propuestas de La Bodeguita de Casa Paca están por encima de la media, algo que se percibe incluso antes de decidirse por cualquiera de sus propuestas.
El personal transmite buenas vibraciones nota que no sólo el propietario, sino también la gerente del local proceden de un sector, el de las artes gráficas, donde, al menos en Salamanca, reina una camaradería bastante cercana a un ambiente familiar, el ambiente con el que nos topamos en La Bodeguita. Puede uno conformarse con probar alguno de los pinchos que descubrimos al bajar las escaleras del local o ir más allá disfrutando de alguna de las más de sesenta posibilidades que nos plantea una carta rica en alimentos braseados y a la parrilla, que tampoco descuida unas guarniciones que, más que acompañar, en ocasiones cobran casi tanto protagonismo como el argumento principal de cada plato.
En permanente evolución, La Bodeguita piensa en todo tipo de clientes; contempla un menú diario, otro especial y uno reservado a los pequeños. Además, su carta pronto será también apta para celiacos y está siempre abierta a sugerencias.
Por ese motivo, acaba de incorporar cuatro nuevos platos pensando en el comensal poco proclive a segundos platos abundantes. “Dos carnes y dos pescados, bonitos en la decoración, ricos y no muy pesados”, apunta su propietario para el que la presentaciones parte fundamental de un producto, salpicado de genialidad, que nos enseña que la cocina puede ser algo más que tener maña con los fogones.
